Enamoramiento y amor no son sinónimos

“Mi mayor obstáculo es mi incapacidad de procesar de una manera diferente los acontecimientos que suceden en mi vida. Sigo obsesionándome por obtener respuestas de quien ha decidido apartarme de la suya y por tratar de comprender los motivos que llevaron a esa persona a tomar tal decisión.”

Este era, hace un tiempo, el testimonio de una persona atormentada, que ahora estaba empezando a transitar el camino de la sanación.

Un par de meses después, tras haber vivido el bloqueo total por parte de su pareja, teléfono, redes sociales, hasta la violencia de recibir llamadas amenazadoras por parte de un familiar de ella si osaba acercársele, su historia tomaba un rumbo diferente.

“Ya había comprendido que, para mi bien, tenía que evitar todo contacto, por mínimo que fuera, y así fue que decidí eliminar todo lo que habíamos acumulado durante más de una década. Las fotos que nos habíamos tomado juntos, los videos que habíamos hecho, los viajes que habíamos realizado, todo terminó en la papelera.

Primero fueron las fotos en las que mi pareja aparecía, después fueron hasta las de paisajes emblemáticos de ciudades que habíamos conocido en nuestra “luna de miel”.  Y entrecomillo “luna de miel” porque aunque no lo fuera en realidad, sí era lo que para mí significó.

Luego vino el bloqueo de su perfil, después del de nuestros amigos en común, porque cada tanto aparecían fotos de lo que ahora era su vida o de lo que habíamos vivido juntos.

Cuando me di cuenta de que vivía en la frustración de saberme impedido de enfrentar a esta persona para decirle lo que pensaba de ella y lo doloroso que había sido su conducta conmigo, ya había empezado a acercarme al Tantra y a la meditación, pero todavía me faltaba mucho por recorrer.

Viéndolo desde afuera

Mis verdaderos buenos amigos me decían que lo mejor que me pudo haber pasado es que no hubiéramos continuado, que esa persona había venido a mi vida para enseñarme que no todo el mundo es bueno, como yo siempre creía, y ahora lo comprendo. Porque yo me sé buena gente, sé que lo di todo por esa persona, por quien desarrollé un sentimiento, que no era amor pero que así lo viví.

Ahora lo percibo. Había creído de veras que estaba enamorado, que había estado enamorado de ella desde hacía muchísimos años, cuando la realidad era que yo sentía un verdadero vacío dentro de mí, vacío que era cubierto por ella y por la actividad que juntos realizábamos: la danza. Creí que la conexión que teníamos al bailar era posible a otro nivel, más allá de lo que sentíamos en la pista de baile.

Yo necesitaba ese afecto en mi vida, había pasado mucho tiempo sufriendo la carencia de afecto en la forma en como yo quería sentirlo. Un día creí que era correspondido, pero esa, como otras realidades, no eran tales. Seré clarísimo: yo la deseaba, y ese impulso me cegó.

No vi las señales que me indicaban que esa persona no sentía nada por mí. Quizás sentía algo, pero definitivamente no era lo mismo que yo. Me confundí, Laura, creí que podíamos formar algo hermoso y perdurable cuando quizás lo real era que yo la deseaba, que yo quería que ese abrazo que ocurría mientras bailábamos no terminara jamás. En un determinado momento, por su parte, sintió también una atracción, puramente sexual, que nos llevó a lo que podría simplemente haber sido “una noche de lujuria”. O varias, nada más…

Pero me descubrí a mí mismo diciéndole “¡Cuánto te amo!” y proponiéndole algo para lo que ella no estaba preparada para escuchar. Yo le proponía ser mi compañera, mi socia de vida, mi esposa, nunca mi amante.

Sus actitudes posteriores me indicaron que no era la persona adecuada, pero en vez de sentirme afortunado de no haber continuado con esa relación, que a la larga me habría hecho mucho más daño, me sentí estafado y traicionado, además de rechazado. Su rechazo fue muy doloroso y no pude manejarlo. Porque una cosa es que te rechace cualquiera y otra que lo haga esa persona que creías que jamás te iría a rechazar, mucho menos traicionar de la forma en como lo hizo… Y ahora me encuentro con que ni siquiera me dan la oportunidad de desahogar mi enojo.

Sé que la ira es un sentimiento negativo que no debería estar experimentando, pero es demasiado frustrante no poder hacer nada al respecto, ni siquiera mirarla de frente y decirle todo lo que quisiera.

¿Cómo hacer para perdonar? ¿Cómo hacer para mirar lo que pasó y aceptarlo?

Tú dices que hay otra forma de vivir esto…”

y aquí me cita:

 «…lo que está sucediendo es un hecho, lo veo, lo acepto, no trato de buscar culpables ni víctimas, observo mi mente elaborar una historia alrededor de lo sucedido y retiro mi atención de ahí, vuelvo a este momento presente, a mi respiración consciente».

…pero siento que a mí me faltan siglos de aprendizaje para poder lograrlo. De hecho, me siento culpable y víctima a la vez.

He seguido tu curso, y lo he hecho con lentitud, lo sé. Me cuesta asimilarlo porque no estuve preparado a tiempo. Es como que estoy haciendo el curso de primeros auxilios mientras estoy tirado en la carretera después de haber sufrido un accidente que me dejó una fractura expuesta. Porque de veras estoy quebrado, roto, sin fuerzas. Solo quiero que este sufrimiento termine de una vez.

Cambiar una forma de pensar y actuar que se ha mantenido por mucho más de medio siglo es tarea titánica. Decir que no es real y que no tiene que afectarme parece inalcanzable. Hasta cambiar las palabras es difícil.”

Este último párrafo me ha impactado, porque resume en gran medida aquello en lo que tenemos que trabajar. Es duro por lo que está pasando, pero claramente tiene toda la razón, y él mismo se ha dado cuenta.

Es cierto que esto no es de un día para el otro, evidentemente, pero cuando las heridas sangran entonces hay un impulso que nos lleva a entrar en esta mirada hacia dentro, y nuestro mayor deseo de estar en paz, es lo que impulsa este cambio de visión.

Mi recomendación de paz

Mi recomendación en este caso es que, cada día, nada más levantarse, respiremos varias veces y decirnos a nosotros mismos, sintiendo:

Lo que más deseo es estar en paz Quiero experimentar paz Quiero ver las cosas de otra manera

Hay que conectar con esa parte de uno que sabe que hay otra forma de ver todo esto, y darle fuerza. No alimentar los argumentos de la historia. Cada vez que observemos ese diálogo interno diciendo “Esta persona es malvada… Esta persona es esto, es lo otro…”, soltémoslo, no le prestemos atención.

Concentrémonos en que podemos enviar luz a la situación, también a esa persona, que podemos verla con inocencia, y además con gratitud, porque gracias a ella ha despertado el deseo de querer seguir este camino de mirar adentro. El camino de la felicidad es hacia adentro, no hacia afuera… Nadie jamás nos puede hacer sufrir, así como nadie jamás nos puede hacer daño, son solo nuestras propias interpretaciones de las situaciones las que nos hacen sufrir.

También me contaba que había iniciado terapia y eso me alegró mucho, porque debido a ella fue “tirando del hilo”, y dándose cuenta de cosas que, habiendo conocido a ambos, eran evidentes.

Entonces le respondí:

¡Enhorabuena por verlo! Es algo de lo que nos tenemos que dar cuenta tarde o temprano, y a veces tiene que ser a base de un palo gordo, como el que recibiste, pero, ¿sabes? Quizás si no hubiese sido por ese palo, hubieras vivido toda la vida engañado.”

Hay que darse cuenta de que esto que le ha pasado, es lo que le pasa normalmente al 98% de las personas, es decir, cuando el enamoramiento surge es una sensación muy bonita, es felicidad, alegría, entusiasmo, y ese precisamente es el estado natural del ser. Anhelamos profundamente estar en ese estado porque es nuestra naturaleza, solo que lo olvidamos, y cuando lo experimentamos, creemos que viene por esa circunstancia, debido a esa persona, cuando en realidad esa persona solo es un detonante que está activando nuestra naturaleza amorosa.

Enamoramiento y amor no son sinónimos. El amor no viene de la otra persona sino que está en mí, en cada uno de nosotros, porque es lo que somos: Amor.

Cuando no reconocemos esto, creemos que viene del otro y lo idealizamos, lo vemos como responsable de nuestra dicha, y entonces, le estamos dando la capacidad de hacernos felices pero también de hacernos desdichados, porque tarde o temprano esta persona, al conocerla en profundidad, nos mostrará actitudes que no nos gustarán, empezaremos a juzgarla y experimentaremos justo la otra polaridad, el conflicto, el sufrimiento…

Cuando tomamos responsabilidad y reconocemos que todo lo que experimentamos es nuestro, el otro pasa a ser un catalizador y tan solo nos está mostrando todo lo que hay en mi interior: mi luz pero también mis sombras.

Al tomar las riendas de nuestra vida y hacernos responsables, la función que le asignamos a las personas que nos rodean, sobre todo a las personas cercanas, es que tienen la capacidad de hacernos despertar sentimientos que ya están, mirar, abrazar, aceptar, acompañar….

Los sentimientos de rechazo y de abandono, son los que más se suelen activar porque están presentes en todos nosotros, en mayor o menor medida, y para atender a este sentir, es importante tomar primero que nada la responsabilidad. Amar mis sombras, aceptarlas, sentirlas, liberando al otro de toda culpabilidad. Y  lo hacemos a través de la meditación Los 5 pasos del perdón. Puedes acceder a la meditación a través de este enlace:

MEDITACIÓN LOS 5 PASOS DEL PERDÓN

Cuando no somos responsables de nuestras luces y nuestras sombras, es decir, cuando no estamos en contacto con nuestro interior y con nuestras emociones, cuando no nos amamos completamente, aceptando cualquier emoción que surja, aparece la sensación de vacío que queremos cubrir.

Eso que esa persona decía, que sufría «la carencia de afecto en la forma en como yo quería sentirlo», es algo que está en todos nosotros, incluso en mí. No es algo aislado que le estaba pasando a ella. Esa sensación de vacío es universal, y en la mayor parte de los casos, la que nos impulsa a unirnos a otras personas, pero lo que sucede es que cogemos a una persona y la idealizamos, hacemos un constructo mental, y nos quedamos con esas sensaciones gozosas que sentimos cuando nos unimos a ellas. Creemos, entonces, que esos momentos de dicha vienen debido a la otra persona, y cada vez buscamos más su cercanía, provocando que ese vacío interior se agudice más, al estar viviendo en una ilusión mental.

Inevitablemente esa persona también despertará nuestras sombras, y entonces es momento de tomar responsabilidad y atender todo lo que se mueve internamente.

X