¿Sabes mostrarte en la intimidad de una forma honesta, segura, clara y transparente?

¿Eres de esas personas que sólo con mirarte a los ojos se puede ver lo que sientes?

Los ojos son el reflejo del alma y cuanta más transparencia podemos mostrar a través de la mirada, más entramos en íntima relación.

Cuando decidimos ser transparentes, honestos, claros, y confiamos en la vida, no tenemos miedo de dejarnos ver en nuestra profundidad, no escondemos nuestros sentimientos y se ven claramente en la expresión nuestras emociones de alegría, tristeza, preocupación, amor, entrega.

Requiere mucha valentía mostrarte tal y como eres, y compartir esta mirada de intimidad profunda, donde no hacen falta palabras, porque en el silencio es donde nace la expresión más auténtica y sublime.

En Tantra nos permitimos crear estos espacios en lo cotidiano para disfrutar regalándonos estos espacios de intimidad, miradas, caricias, respiración, abrazos, incluso pequeños sentires expresados con palabras que nacen del corazón.

Cuando creamos estos espacios de intimidad, no hace falta hacer o decir nada, nos sentimos amados, amados por la vida, por el instante, por nosotros mismos y por el otro, porque el tiempo desaparece y solo queda pura presencia, puro amor. Aquí y ahora.

¿Cuánto tiempo somos capaces de estar en este espacio de silencio y conexión?

¿Sabemos relacionarnos desde ese lugar meditativo, abriendo la escucha interna, sintiendo la energía expandiéndose, dando paso a una vibración amorosa calmada y serena?

Te propongo que hagas esta práctica con tu pareja, o si no tienes pareja, un amigo/a, y os regaléis este encuentro de intimidad profunda.

Podéis comenzar sentados uno en frente del otro, conectando a través de la mirada, una mirada blanda, relajada, dibujando en los labios una ligera sonrisa interna, enfocaros en vuestra respiración que fluya lenta y profundamente. Puedes mantenerte ahí el tiempo que quieras, pero al menos debes hacerlo por un mínimo de 15 minutos.

Después, unir vuestro corazón en un abrazo tántrico, respirando profundamente, por la nariz o por la boca,  alargando la exhalación por la boca, emitiendo un sonido con la voz; mantener esta respiración durante un buen rato, abrazados, y simplemente observar vuestra sensación interna, la energía que se va moviendo internamente…

Esta meditación tántrica te invita a observar la energía, abriendo la sensibilidad y la escucha interna; es una meditación que hacemos mucho en Tantra, que te abre a sentir, te invita a soltar la mente y bajar al cuerpo, abrirlo, relajarlo…

Te lleva a relacionarte con tu propia energía en pura presencia, te pone en contacto con tu energía sexual, con la oportunidad de observarla con discernimiento, sentir cómo se puede mover si respiras profundamente y te invita a observar cómo te relacionas con ella, observando los pensamientos que surgen y las interpretaciones que hace tu mente. Cuando te encuentras las primeras veces en esta práctica, quizás porque asociamos el contacto de un hombre con una mujer a un contacto sexual, la forma de relacionarnos cambia mucho, sí, hay intercambio y fusión de nuestra energía, entramos en intimidad profunda porque nos relacionamos sin máscaras, sin protecciones, en apertura total, simplemente valorando, juzgando o interpretando, y se puede activar la energía sexual. Sí, bienvenido todo lo que se siente, aquí es donde podemos comenzar a relacionarnos conscientemente con la energía sexual, expandiéndola y elevándola, aprendiendo a moverla, a sentirla sin juicios, sin manipularla sin buscar una salida de descarga, sino enalteciéndola, y sintiéndola mucho más sublime por todo tu cuerpo.

¿Puedes respirar y moverla, elevándola al corazón, sintiendo mucha expansión en tu corazón?

Laura Cárcel

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