A veces las relaciones no funcionan, aunque entre los dos haya mucho sentimiento, mucha sintonía, conexión, pero simplemente las personalidades no tienen los mismos valores, las mismas formas de ver las cosas y experimentar, porque cada uno es fiel al concepto que tienen cada uno de la relación.

Soltar los conceptos, dejar de decidir como tienen que ser las cosas, soltar expectativas, abrirte cada instante a la presencia divina del momento presente y renovar cada día la decisión de querer estar juntos, unidos, compartiendo, sería el primer paso.

Pero cuando este concepto no es soltado, y se sostienen los valores, las creencias, las ideas de lo que crees que es una relación, porque te gusta experimentar la relación con ciertas normas, con ciertas maneras de compartir, y esto no lo quieres cambiar, no lo quieres soltar, entonces, la manera de experimentar la relación queda condicionada por este condicionamiento interno, y está bien, no hay nada que cambiar, cada uno decide cuando queremos soltar los condicionamientos, y a lo mejor queremos que nos acompañen toda la vida, porque decidimos que ciertas cosas son inamovibles, pero ahí es cuando empieza el sufrimiento.

 

El sufrimiento siempre viene de la interpretación y las ideas que nos hacemos de cómo deberían ser las cosas, de esas ideas y creencias que decido sostener, pero si decido sostenerlo, la consecuencia es que si me encuentro con alguien compartiendo una relación, y hay mucha diferencia en la forma de ver la vida, pues como estamos siendo guiados por este condicionamiento, el resultado va a ser mucho sufrimiento.

A veces es mucho mas amoroso dejar ir que quedarse, porque si nos damos cuenta de que la actitud del otro está detonando en mi mucho movimiento, o dolor, aunque lo viva como un aprendizaje, y esté aprendiendo a cambiar la mirada, dejar de culpar al otro, y darme cuenta de que todo es mío, pues hay veces que no podemos sostener la situación y lo mas amable para nosotros es soltar, dejar ir, cada uno sabe donde tiene el límite, y lo mas honesto es aprender a escucharse y sentir que lo mas amoroso que puede hacer por él mismo y por el otro, es marcharse, finalizar la relación.

Dejar ir, desde la conciencia del amor, es reconocer que si algo no funciona, podemos dejarlo ir, porque si nos quedamos, siempre vamos a tener un aprendizaje, y eso está genial, el propósito de la relación es aprender, ver que está detonando el otro en mi, abrirse a sentir, y darse cuenta de que es propio, el otro es el detonante, pero cada uno se hace cargo de su sentir, acogiéndolo, dándole espacio, y abriéndose a sentir soltando todo lo que creo que son causas, la causa siempre es interna, y el efecto es lo que estamos proyectando fuera, pero cuando lo experimentamos como víctimas, y creemos que la causa es el otro y el efecto es como me siento a consecuencia de esa experiencia, entonces nos ha enganchado la proyección y hemos caído en las ilusiones perceptivas.

Por la otra parte, también, aunque tengamos sentimientos y estemos en amor, sin juicio, si vemos que nuestra actitud, aunque no salga de un lugar de malicia, pero nuestra parte oscura que todos sacamos, de vez en cuando, o nuestra forma de actuar en consonancia con los valores internos y la forma de moverse en la vida, si vemos que le está haciendo conectar mucho con el sufrimiento al otro, porque tenemos distintas formas de funcionar, aunque sabiendo que nosotros no somos responsables de su sufrimiento, podemos también dejar ir, porque sabemos que en ese momento es lo mas amable para el otro.

 

Dejar ir, también es un acto de amor

Amar también es dejar ir, soltar, permitir que rehaga su vida por otro lado.
Amar es aceptar el duelo, la tristeza de las despedidas, que surgen cuando las relaciones se acaban sin tener el impulso de querer volver, porque hay mucho apego al sentimiento.
Amar es aceptar que nuestros caminos no continúan unidos en la forma, aunque en lo interno, siempre estarás en mi corazón.
Amar es saber que cada experiencia está siendo guiada por el guión de la vida misma, que no decidimos nada como personas, y que nuestra única función es estar en paz, con el capítulo que nos toca vivir.
Amar es saber que las personas vienen y van, y siempre nos llevamos aprendizaje, recuerdos, sentimientos, cariño, amor, de esa relación.

Laura Cárcel

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